La globalización y la consiguiente concurrencia de un mayor número de empresas en los mercados generan un incremento de la oferta que elimina a aquellas que no logran diferenciar positivamente sus productos. La I+D+I se ha convertido, por tanto, en un factor de competitividad esencial que las compañías han de identificar como objetivo priotitario para liderar sus respectivas áreas de actividad.